¡Una pedida a todo color!

Hace años, la pedida de mano se caracterizaba por ser un momento en el que el novio entregaba el anillo de compromiso a su novia delante de toda la familia, y para pedirles permiso para casarse con ella.

Sin embargo, hoy día ha tomado un giro distinto pero aun más especial, ya que el novio entrega el anillo a su futura esposa de una forma planeada, original y sobre todo llena de sorpresas.

Las pedidas de mano, por lo general, suelen ser en casa de la novia y esta que os cuento fue una pedida de lo más emotiva.

Con Marta, la protagonista y hermana de Ana, de quién os conté ya su boda en post anteriores, tengo una relación un tanto especial, pues cierto lazo me une a ella.

 

El 19 de Mayo, fue para mi un día de mucho trajín, entre comuniones y bodas, aunque lo cierto es que desde las ocho de la mañana yo ya andaba en casa de Marta, llevando globos acompañada de Javier de la Bouganvilla que era quien nos hacía llegar las flores.

Las flores que llevamos no dejaron de complementarse con las que,no seguían de aparecer en la casa. Flores de sus amigas, de su familia, de la familia y amigos de Javi, el novio y millones de personas que se acordaron de ella aquel día…no dejó de llorar ni emocionarse un solo segundo al ver toda la gente que la tuvo presente aquel 19.

Con deciros que tuvo que dar un par de viajes para descargarlo todo… Imaginaros los innumerables ramos con los que pudimos decorar toda la casa.

Para ponernos en situación y cómo tuvo lugar todo el evento, porque no sé si sabéis que detrás de cada una de estas maravillas hay muchísima producción, a continuación os la detallo.

Cuando decidieron ponerse manos a la obra, Marta y su madre me llamaron y no dudaron ni un solo instante en que yo les ayudase con todo, y eso hice.

Con Mari Carmen, la madre de Marta, es una maravilla organizar, y he de decir que se nos dio genial aquello de trabajar juntas pues Marta vive en Madrid y la pedida se organizó en Málaga por lo que casi siempre, nos reuníamos las dos.

 

Lo que tuve claro desde el primer momento, es que Marta me pidió mucho color en el evento y con esa premisa empezamos.

Primero le pregunte a Mari Carmen por la vajilla que ella pudiese tener, y a abrir la alacena lo ví claro .

Allí había copas de todo tipo, vasos de todos los colores e incluso platos de distintos países… he de decir, que esta decisión fue de las más fáciles, pues la vajilla salió vestida al completo de aquel dotado armario. Hasta usamos las soperas, tazas de café y todo lo que podía ser susceptible de rellenar de flores para la decoración…

El lugar lo teníamos claramente decidido, el jardín de casa, y por supuesto todo rodeado de un ambiente cien por cien familiar, aunque también con amigos que se consideran como de la familia.

Acoplamos dos mesas, pues era estrictamente necesario jaja, son muchos niños en aquella casa y tuvimos que dividir entre mesa de adultos y peques.

Comienzo con la de los mayores.

La mesa larga, alternada con sillas de madera y palillería gris, mantelería blanca a su vez, pero todo revestido por los colores más veraniegos que encontrábamos.

Bajo platos de rafia en distintos colores, una vajilla que solo puedo decir que acabé enamorada de ella, pues tenía los bordes decorados con flores y me resultó que encajaban a la perfección con aquellas copas de cristal talladas y esos platitos de pan a juego.

En el centro de la mesa, una guirnalda de pino y frutas que daban aún más color y que como siempre, la Buganvilla y Javier supieron estar a la altura de aderezarlo todo.

Jarrones de cristal con flores. No faltó detalle en la mesa… y digo esto porque en cada uno de los platos, había una tarjeta, en la que además del menú, Marta escribió un mensaje personal a cada uno de los invitados, palabras muy emotivas con las que su familia soltó alguna que otra lágrima, éstas quisimos sujetarlas con conchas de mar para dar un toque aun más veraniego.

Como antes dije, en esta casa hay muchos niños algo que me encanta, pues les pongo el mismo mimo y dedicación que a cualquiera.

A su mesa, no le faltó detalle, llena de globos atados a un centro de tulipanes de colores que le regaló su futura suegra…pero lo mejor de todo, fue que la comida iba preparada en unas cajitas ideales de cartón personalizadas con su nombre, y ellos encantados.

Toda la comida, fue de la mano del Catering Doña Francisquita y he de decir que todo estuvo de diez.

Tras de un largo cocktáil de diferentes aperitivos, pasaron a la mesa a tomar un plato principal y postre.

Y aquí es donde yo destaco el momento del día: al terminar la comida, Javi se levantó a decir unas palabras y tras él, habló el padre, luego la novia… todos tuvieron algo que decir de ese día, incluso sus hermanas, quienes le escribieron una carta muy emotiva y especial.

Después vinieron los regalos… ¡y qué regalos!

Tras tanta emoción, se sirvieron copas, acompañadas de mucho baile y con ello la llegada de sus amigas de toda la vida… a las que tampoco se les desatendió; con un chulo Candy bar y una recena cargada de hamburguesitas…

Marta me dice que cada vez que recuerda su pedida, se le encoge el estómago, ya no sabe si es por lo cerca que está la boda o porque recordar aquello, le resulta demasiado increíble, se siente muy afortunada.

Ahora me cuenta, que mi presencia en cualquier evento le transmite mucha tranquilidad, y desde aquí quiero decirle que siempre estaré cuando me necesite y que todo lo que esté en mi mano lo haré por ella. Le calmo los nervios, dice, jajaja.

Con una resaca de emociones, ella, y todos, seguimos arrastrando aquel día tan especial. Y con muchas ganas de que llegue la esperada boda.

¡Enhorabuena chicos!

Written by Marta Cañete